jueves, 1 de septiembre de 2011

Paquirrismo

A la Liga Española le pasa como a los hijos de Paquirri: hay demasiada diferencia entre los dos primeros y el tercero.

Fuera de juego

Soy seguidor de Alberto Tesán (si es que se puede ser seguidor de un poeta) desde que en la antología de Luis Antonio de Villena La lógica de Orfeo descubrí poemas como "Mujer fatal" o "Aviso". Pronto me regalaron (gracias) su segundo y, hasta el momento, último libro de poemas Piedras en el agua (Pre-textos, 2003). Poco después me compré El mismo hombre (Pre-textos, 1996), y desde entonces espero a que llegue el siguiente y, mientras tanto, le releo.
Hace poco me he enterado de que era un, según dicen, prometedor juvenil del Barcelona al que una inoportuna lesión retiró cuando parecía que iba a dar el salto a la profesionalidad. Esto ha provocado que el poema que os pongo a continuación adquiera otro significado. No es que me guste más, que es imposible. Ni que sea mejor, que es muy difícil. Es sólo que cobra cierta actualidad, aunque sea totalmente subjetiva y condicionada a no haberme enterado antes. Como me suele pasar siempre.
Nació en 1971, igual que Pep Guardiola, por lo que debieron compartir equipo en los juveniles. Pero eso es una concidencia.
De hecho, todo esto es una vulgar excusa para insistir en que el blog no será exclusivamente del Atleti, ni de fútbol, ni de mí; aunque sí estará bastante concidicionado por las tres cosas. Y un truco para poner un poema que eleve la triste categoría que este blog pudiera tener.
Pero, sobre todo, una modesta formar de recordar a Alberto Tesán, por si diera la casualidad de que lo leyera, que algunos seguimos esperando su próximo libro.


Fuera de juego

Aprender a callar es lo primero.
Un pasaporte en blanco hacia la soledad.
A los once años te hablan con palabras
como honor, orgullo, dignidad
y tú piensas en un rumor de sillas
y en el patio pequeño de tu escuela.
Pero no hay amigos en el campo
y muy pronto te enseñan que el club y los colores
son tu padre, tu madre y el espíritu santo.
Tienes que ser un buen muchacho
y conservar el número que te dan al entrar.
Crecer es el siguiente paso.
Y darles lo que quieren: tu vida con un lazo.
Lo llevarás mejor
si comprendes que todo es un negocio
en nombre de una patria difusa que agoniza.
Pasarán unos años, demasiados,
Y sólo quedarán los elegidos.
A los otros, ahora los recuerdas
como sombras vencidas, llorando entre la hierba.
Había que esperar los descartes de julio.
El discurso del míster era conciliador
- se notaba su afán por excusarse-
y estrechaba las manos de unos pocos.
Los demás nos miraban
desde sus torres abolidas
y quedaban en el vestuario
a la espera de unas explicaciones
que no necesitaban, que nunca llegarían.
Con paciencia te harás un sitio entre la élite
y bailarás con gusto la música que te toquen.
Las niñas de tu barrio
soñarán que te metes en sus camas
y algunos periodistas llamarán a tu puerta.
Debes ser agradable entonces
y medir las palabras y los tópicos.
Recuerda: club, bandera, patria.
Ya sólo una lesión puede hacerte bajar
de la nube que habitas.
Pero eso es imposible.
Imposible que un niño te rompa la rodilla.
Imposible el dolor que sientes cuando ocurre.
Y después el olvido. Quirófano y olvido.
La sensación de que ya no haces falta,
de que no eres imprescindible.
Te harán un homenaje y callarás
porque ya formas parte de ellos,
ya eres su semejante, su juguete tarado.
Regresar a tu pueblo será lo más difícil.
Debes ser fuerte
y soportar la humillación,
el miedo contenido.
Aprender a pensar, recuperar amigos.
El tiempo borrará tanta tristeza.
Tienes la edad de un hombre joven,
busca una chica que te quiera y cásate.
Y olvida el fútbol, que te hace daño.
Y olvida el Barça, que te duele.

Sorrows of the elderly

El cierre del mercado de fichajes cada vez se parece más al cierre de un after... Y, claro, lo de siempre: no rechaces en Junio lo que aceptarías en Julio y por lo que pagarías en Agosto...
O, mejor:
The old are kind.
The young are hot.
Love may be blind.
Desire is not.


(Leonard Cohen)

martes, 30 de agosto de 2011

Pero, teóricamente, funciona incluso el comunismo...

Teóricamente,
toda buena historia debería caber
entre el insert coin y el game over.



(Planteamiento, nudo y desenlace.
J.M. Cumbreño)

lunes, 29 de agosto de 2011

Hey, that´s not way to say goodbye.




Empiezo a escribir estas líneas mientras espero que se me cargue un vídeo de youtube con la rueda de prensa de la despedida de Forlán del Atlético de Madrid del que confío en extraer no una despedida de Forlán del Atlético de Madrid, sino, posiblemente, una clave para entender mejor mi vida.
Ojo: ya sé que eso puede sonar patético, pero no se alarmen: mi vida tiene tan poca importancia que es bastante lógico que su significado se pueda rastrear en un vídeo de discurso vacío y escaso encuadre.
Y, de hecho, me sirve para comunicarles una de las que será, imagino, de las principales claves de este blog: la melancolía voluntaria, la afectación consciente, la identificación futbolística y la confusión entre vida y afición, realidad y mito, persona y personaje.


Y es que esto no es un blog del atleti (a diferencia del muy recomendable para los interesados en la materia estonoesunblogdelatleti.blogspot.com), o de pajas mentales sobre glorias presentes y pasadas, anécdotas curiosas y jugadas antológicas (como el bastante recomendable cueroycesped.blogspot.com) sino un blog sobre una identificación deportiva que permite aplazar el momento de afrontar la vida real.

Por eso lo importante de hoy no es que se haya ido Forlán, algo que estaba anunciado hacía ya demasiado tiempo. Lo importante es que no dejo de buscar vídeos de este momento y, sobre todo, de los buenos momentos pasados: mucha gente dice que odia las despedidas; a mí me encantan. El problema es que no suelen estar a la altura de las circunstancias (sirva como ejemplo la rueda de prensa de hoy, realmente insípida: a fin de cuentas, como mandan los cánones del último café que simula que la ruptura es amistosa), pero, si somos objetivos, no hay nada tan bonito como ese sentimiento de inutilidad de no haber sabido aprovechar tus oportunidades. Realmente muy pocos hemos sido alguna vez felices (digo felices de verdad, de sentirlo, hacerlo sentir y saborearlo) con nuestras parejas, amigos, equipos de fútbol, compañeros de fiesta, drogas, sexo o trabajo. Pero todos hemos podido serlo. Y eso es lo más bonito de la vida: que cada día tienes la oportunidad de desperdiciarla. Mírenme si no a mí: debería estar acabando dos trabajos del doctorado que tengo atrasadísimos y en lugar de eso decido empezar un estúpido blog que difícilmente va a interesar a nadie. Tampoco he sido nunca un buen novio y tengo serios problemas para mantener el romanticismo más allá de los cuatro minutos de una buena canción. Por ejemplo, menos al principio, que se me da genial, luego no he sabido hacer sentir especiales a las, pobres, sufridoras, pacientes (pocas) chicas de mi vida. Pero para despedirme soy la hostia. Me encanta. Creo que he dicho más veces "te quiero" para decir adiós que para correrme. Y creo que va a ser ahora, que ya no marca goles y no hay energúmenos alrededor berreando lo mismo, cuando empiece a gritar de verdad "u-ru-guasho". Porque, al menos a los que nos conformamos con estos sucedáneos de realidad, sí nos supo hacer felices de verdad varias veces. Pero sobre todo, porque, merecidamente o no, fuimos muy duros con él y es más fácil arrepentirse que morderse la lengua. Y fingir que lo sientes cuando  ya es tarde es más sencillo que pedir perdón cuando estabas a tiempo. Porque es más fácil desear suerte en otro sitio que intentar mejorar las cosas aquí. Porque los dueños del Atleti pueden parecer unos completos incompetentes (Forlán hace 2 años valía 40 millones y ahora se va gratis) pero en el fondo lo que les pasa es que son unos románticos. Como yo. Y como Forlán, que espera a irse para, por una sola vez, ceder al populismo y decir que sí, que qué cojones, que es hincha del Atlético. Porque nunca es tarde para decir "te quiero". Sobre todo cuando ya no es verdad.




Podrías...


-Podrías escribir una historia sobre un hombre que se identifica obsesivamente con un equipo perdedor, que se pone paranoico con los árbitros, que no puede dormir después de los partidos y que asume las derrotas de su equipo como si se tratara de sus propios fracasos.
-Esto que describes es una situación, no una narración –dije.


(The Old Fictions and the New, 
Richard Kostelanetz)